viernes, 24 de mayo de 2013

CONDENADOS AL SOBREPESO: LOS DISRUPTORES ENDOCRINOS Y LOS “OBESÓGENOS”


Decir que los actuales problemas de sobrepeso u obesidad, que sufre hasta el 50% de la población de los países occidentales, guardan una relación directa con la dieta y el estilo de vida, no aporta ningún dato de valor o información adicional al interminable listado de recomendaciones y pautas a seguir por quienes día tras día intentan con más o menos éxito alcanzar un peso “saludable”; pero…..¿existe algún condicionante que previamente nos programe para ser gordos?, ¿es la obesidad un simple problema de restar las calorías ingeridas a las consumidas durante la actividad física?

Aunque habríamos de tener presente el factor genético en el caso de personas obesas, la cuestión que se plantea no está referida a aquellos condicionantes que se escapan de nuestro control, sino a los que se derivan de la exposición a determinados compuestos químicos para cuya denominación se ha acuñado el término “obesógenos”.


Actualmente se está experimentando con más de 20 posibles obesógenos. Todos contaminantes ambientales presentes en el ya famoso listado de disruptores endocrinos, conocidos por su similitud estructural con determinadas hormonas y con capacidad de interactuar o interferir, dando lugar a efectos adversos incluso a dosis muy pequeñas.


La idea surge de la simple observación del perfil de animales de laboratorio objeto de estudios sobre otros efectos nocivos de algunas sustancias químicas catalogadas como contaminantes ambientales. Aunque en un principio el aumento de peso no se asocia a los tóxicos presentes en su organismo (ya que de la toxicidad se espera una pérdida de peso), posteriormente se puede establecer una correspondencia clara entre aquellos sujetos inoculados con determinados contaminantes y la obesidad que presentan tanto ellos como sus crías.

Entre los experimentos realizados destacan los ensayos en ranas y ratones con Tributilestaño (pesticida utilizado en la cubierta de las embarcaciones para impedir la adherencia de crustáceos) y Bisfenol A (presente en los policarbonatos plásticos usados para el recubrimientos interior de envases de conservas, dispensadores de agua, etc.) respectivamente.  

Dichos contaminantes, clasificados como obesógenos, actuarían como disruptores endocrinos especialmente a nivel fetal y en bebés de corta edad, induciendo la producción de un elevado número de células grasas, lo que puede traducirse en la facilidad de acumulación que millones de personas  presentan en la edad adulta (…todo me engorda)


El número de células grasas en los humanos viene determinado por el punto de balance durante la pubertad (periodo en el que queda establecido el número mínimo de células grasas presente en el organismo. A partir de este momento no cabe posibilidad de disminuir este cantidad, aunque sí de aumentarla).

De este modo, el número de células grasas presentes en nuestro organismo, podría estar claramente influenciado por la presencia determinados contaminantes orgánicos ingeridos a través de la dieta o vía placentaria, o absorbidos por contacto con materiales elaborados a partir de los mismos. La cantidad de grasa acumulada en estas células estaría íntimamente relacionada con factores como la dieta y la actividad física.

Los obesógenos nos procuran un elevada capacidad de almacenar grasa mientras que los hábitos de alimentación y el ejercicio físico determinarán la cantidad de grasa acumulada en estas células.
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