lunes, 27 de mayo de 2013

INSÓLITO: UN CORCHO PARA ABLANDAR LOS GUISOS DE TERNERA O EL PULPO

Con esta insólita imagen me encontré no hace mucho, cuando destapé la olla en la cocina de uno de mis clientes para ver lo que se cocinaba.

Corchos del vino, recién extraídos de la botella, y con propiedades supuestamente reblandecientes, según me comentaba el equipo de cocina, para las carnes de guiso cocinadas en marmitas o para la elaboración del pulpo.

Puesto a indagar un poco por la red, observo que la idea está bastante generalizada, y aunque parece una recomendación usual tanto por usuarios como por profesionales de la cocina, nadie (o al menos yo no lo he encontrado), propone una explicación razonada del efecto ablandador o suavizante que puede tener un corcho adicionado sobre el caldo de cocción, más allá de algunas teorías que sugieren que su efecto se debe a la acidez del vino contenido, en cuyo caso me parece mucho más práctico añadir directamente un buen vaso de vino, que además aportará un excelente sabor al guiso.



El ablandamiento de la carne ha de producirse, por debilitamiento de la elastina y el colágeno presentes en el tejido conjuntivo, que se encuentra en mayor proporción en cortes o músculos sometidos a mayor actividad física (así, por norma general el lomo es más tierno que la pierna).

El corcho es un material formato por suberina (aproximadamente un 45%), polifenoles como la lignina y taninos (33%), celulosa (12%), ceras (5%) y otros compuestos minoritarios como agua, sales minerales (5%). A ninguna de estas sustancias se le atribuyen propiedades tiernizantes, por lo que a priori parece cuando menos lejano el razonamiento lógico aplicable a sus “supuestas propiedades”.

Me pasa por la cabeza que en este caso se debió pasar de la experiencia a la teoría, ya que imagino el invento como fruto del descuido de un cocinero que perdió el corcho del vino, para descubrir más tarde que había que rescatarlo de un guiso cuya carne estaba curiosamente tierna.

Existen técnicas y productos cuya efectividad está más que justificada a la hora de proporcionar ternura a los cortes más resistentes. Extractos de fruta como la papaya (papaína), piña (bromelina) o kiwi (actinidina), se comercializan como polvo deshidratado para adicionar a la carne, al igual que trozos de esta fruta presentes en el guiso o untados directamente, pueden conseguir el mismo efecto.

Se conoce el efecto reblandeciente y suavizante de distintos ácidos como el vinagre, el limón o el vino, con los que previamente se maceran los cárnicos.

Con el mazo también se consigue la rotura superficial de fibras, obteniendo en pocos minutos carnes más tiernas.


En definitiva, aunque lo del corcho no tiene justificación, y teniendo en cuenta lo barato que es probar, puede ser interesante realizar el experimento aunque sólo sea por acabar con la leyenda; al fin y al cabo nada es mentira hasta que se demuestra lo contrario, y precisamente yo, anduve un par de años de mi niñez con un corcho colgado del cuello para prevenir el dolor de muelas (y ciertamente no me fue mal).
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