sábado, 8 de junio de 2013

LA VERGÜENZA DE LA SOJA TRANSGÉNICA EN EL AMAZONAS

Como de costumbre, la noble finalidad de un proyecto acaba convirtiéndose en una burda maraña de intereses económicos, desinformación generalizada y confusas campañas publicitarias que nos extenúan hasta el punto de que poco importa ya el propósito original para el que fue concebido, incapaces de evaluar ante tanta afirmación contradictoria si realmente se trata de un bien común o del peor de los males posibles.

La modificación genética de organismos (OMG) parecía posibilitar en el campo de la agricultura, la disminución de hambrunas en países con déficit de alimentos primarios y campos de cultivo sometidos a duras inclemencias climáticas, plagas y falta de agua.


¿Hemos perseguido realmente este fin?

Resulta obvia la respuesta….en definitiva ¿a quién le interesa el Cuerno de África y la penuria diaria por la que pasan millones de personas?

Deben haber pensado las grandes empresas productoras de semillas transgénicas bajo escrupulosa patente, que es mejor quemar selva amazónica e invertir en interminables y vírgenes campos de cultivo donde la propia humedad ambiental es capaz de hacer crecer cualquier cosa que llegue al suelo.


Total, ¿qué es el Amazonas para ellos? ¿Importa acaso que se trate de la mayor extensión de bosque primario del planeta, o que albergue el 50% de las especies animales y vegetales conocidos? Total…. Un puñado de indígenas desplazados de sus poblados de origen a través de campos de soja transgénica con la que engordar vacas y pollos para que en los países desarrollados no nos falten las suculentas hamburguesas y los chuletones de ternera de multinacionales de la restauración; inconscientes e inmunes del daño medioambiental causado y de los posibles efectos asociados al consumo de transgénicos autorizados vía express.

¿Qué hemos modificado genéticamente en la soja? Podíamos pensar que la hemos hecho más resistente a la sequía, las condiciones ambientales, o que hemos aumentado la capacidad de producción de la planta.

Pues no, la hemos hecho resistente al principio activo de un herbicida: El glifosato, utilizado masivamente en campos de cultivo de la Amazonía y comercializado precisamente por la misma empresa propietaria de la patente del transgénico. Joder qué suerte, ellos nos venden el herbicida y el único transgénico que lo tolera (negocio garantizado).


El glifosato es un principio activo que impide la proliferación de otras plantas que compiten por nutrientes con la soja, al inhibir la enzima responsable de la formación de aminoácidos aromáticos imprescindibles para su crecimiento. Su impacto medioambiental puede tener un coste incalculable y su persistencia en terrenos y suelos de cultivo puede hacer inviable la agricultura de otros productos distintos a la soja.

Si ya contábamos con una industria maderera clandestina, provista de una extensa plantilla de matones y pistoleros a sueldo, dedicada a invadir los terrenos legalmente delimitados para las tribus indígenas en la Amazonía, no contentos con las enormes superficies adjudicadas para la tala; hoy en día la quema indiscriminada de enormes extensiones (gases efecto invernadero), para la posterior siembra de cultivos de soja, se ha convertido en la principal causa de deforestación del Amazonas.

En definitiva la soja transgénica (Soja 40-3-2 o Soja RR, del también famoso productor del agente naranja utilizado en la guerra del Vietnam y de otros contaminantes ambientales como los PCBs), llega a todos nuestros hogares de una u otra forma. Aunque en España los productos elaborados con soja transgénica han de especificarlo en el etiquetado, su uso como ingrediente en piensos destinados al alimento de ganado nos lleva a pensar que pueda estar presente de forma habitual en carnes y leches.

Son muchos los estudios que relacionan el consumo de soja transgénica con posibles deficiencias en el crecimiento (inhibidor de Ca, Zn y Fe), problemas de infertilidad y aumento del índice de mortalidad de las crías.

Prohibido su cultivo en 10 países europeos, la soja transgénica suscita preocupación al consumidor, consciente de los posibles efectos a largo plazo de un producto que lejos de aliviar las carencias nutritivas de la población menos afortunada, desertiza de forma implacable fértiles tierras del cada vez más olvidado “pulmón de la Tierra”.
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