lunes, 17 de junio de 2013

LLEGAN LAS PISCINAS DE CHAPOTEO Y LOS PROBLEMAS DE GIARDIASIS (GIARDIA LAMBLIA)

Ahora que empieza a hacer bastante calor y los padres se apresuran a sacar las piscinas hinchables para que los más pequeños chapoteen un rato, es cuando hay que extremar la precaución frente al parásito Giardia Lamblia o Giardia Intestinalis.

Este parásito microscópico se encuentra ampliamente diseminado en el ambiente en su forma vegetativa, enquistado y provisto de una cubierta exterior que le permite sobrevivir durante meses alejado de su huésped natural: el intestino humano o animal.


Son precisamente este tipo de pequeñas piscinas, sin un control exhaustivo de desinfectante residual, las que permiten que el parásito acceda por vía fecal-oral al organismo.


Normal, muchos niños a los que habitualmente se les quita el pañal antes de meterlos, acaban fruto del juego, tragando agua que puede portar el parásito, procedente bien de restos fecales de otros bañistas, o transportado desde suelos, juguetes, etc. Es por ello que mantener una concentración adecuada de desinfectante residual, calculada y dosificada unas horas antes del baño, puede evitar contagios innecesarios y prevenir males mayores. En Andalucía, el Decreto 23/1999, de 23 de febrero, por el que se aprueba el Reglamento Sanitario de las Piscinas de Uso Colectivo, establece un rango de concentración en el caso de usar Cloro Residual Libre (hipoclorito sódico o lejía apta para la potabilización de aguas de consumo) de entre 0.4-1.5 ppm (mg/litro de agua de baño), lo que puede servir a padres o responsables de menores como referencia a la hora de calcular la cantidad a adicionar. La lectura de niveles aptos de desinfectante (Kit dpd para piscinas), y la evitar los baños de menores afectados de episodios diarreicos, son dos de las medidas a tener en cuenta tanto en piscinas de chapoteo, como en otras instalaciones de baño recreativas, como jacuzzi, piscinas climatizadas, etc.


Giardia Lamblia, se libera a través de las heces, y es uno parásitos microscópicos más frecuentes en todas las partes del mundo. Se estima que entre un 3% y un 20% de la población mundial lo ha portado en algún momento en su fase larvaria, una vez disueltos los quistes ingeridos en el intestino.


Los trabajadores de centros infantiles y guarderías conforman un especial grupo de riesgo debido al contacto frecuente con las heces del menor durante los cambios de pañal. Dichos trabajadores han de prestar especial atención al lavado de manos (Quizás quieras leer el artículo “¡No toques mi ensalada!”), desinfección frecuente de juguetes que puedan morder los menores y mantener una vigilancia extrema sobre aquellos que presenten cuadros de diarrea.
  
Los síntomas pueden tardar entre una y dos semanas en manifestarse, y una vez que remiten, se estima el que enfermo puede seguir expulsando parásito por vía fecal durante las siguientes dos semanas.

Pese a que existen portadores asintomáticos, la giardiasis se asocia con episodios diarreicos, con heces fluidas de olor muy desagradable, que tienden a flotar. 

Otros síntomas comunes son dolor de estómago, flatulencia, pérdida de peso y fatiga o cansancio.
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