miércoles, 26 de junio de 2013

ORGULLOS@ DE PADECER ORTOREXIA NERVIOSA

Reconocer que se padece este trastorno alimentario de creciente incidencia en países occidentales, puede resultar todo un problema. Aquellos que lo “sufren”, principalmente mujeres y adolescentes, manifiestan orgullosos su profundo conocimiento sobre alimentación y defienden a ultranza su elección por el consumo de alimentos altamente saludables. 

El ortoréxico no esconde su patología como lo hacen los bulímicos o anoréxicos, y lejos de reprimirse, recomienda y sobreinforma a cuantos le rodean sobre la composición, naturaleza y contaminantes de alimentos básicos en la dieta, menospreciándolos si deciden hacer caso omiso o no dar la importancia que a su juicio, este asunto merece. 


Cuando ha alcanzado un punto en el que la programación de su dieta abarca la práctica totalidad del día y un sentido de culpabilidad crece en su interior en el momento en el que consume algún alimento poco saludable o comete algún exceso, la enfermedad le puede conducir a la desnutrición o el aislamiento social. 

Alimentos sin aditivos, (colorantes, conservantes, antioxidantes,…), productos orgánicos y ecológicos, principalmente fruta y verdura o derivados como zumos, alimentos crudos o con tratamientos térmicos suaves para no alterar sus propiedades nutritivas. Prácticas relacionadas en principio con hábitos de vida saludable que se vuelven extremas en un intento compulsivo de controlar y estudiar la composición de los alimentos. 

Las personas que padecen ortorexia, son aislados sociales incapaces de almorzar en un restaurante o cenar en casa de un amigo. Evitar por completo aditivos, grasas, etc., les conduce diariamente a gastar grandes sumas de dinero y a realizar largos desplazamientos en busca de alimentos orgánicos y ecológicos en comercios especializados. 


La lectura del etiquetado y composición de alimentos acompañada del control exhaustivo de sus propiedades nutritivas y los riesgos asociados a su consumo, les lleva a imponerse diariamente nuevas y más duras restricciones: envases y útiles de elaboración de plástico, tratamientos culinarios menos agresivos, manipulaciones inadecuadas, ausencia de determinados grupos de alimentos (básicos en cualquier dieta), etc. 

Una preocupación enfermiza “por lo que se come” unida a estrictas reglas de consumo autoimpuestas, les puede hacer perder peso rápidamente, pasando de ser gente normal interesada sencillamente en “comer sano” a obsesivos de apariencia escuálida y cierto grado de desnutrición que manifiestan un aire de superioridad frente a quien no practica su doctrina. 


Pueden padecer hipovitaminos, hipervitaminosis, anemia, niveles bajos de oligoelementos así como efectos asociados a estos excesos o carencias tales como hipotensión, depresión, osteoporosis, etc. Los ayunos pueden ser una constante si el enfermo no tiene aquello que quiere o no está seguro de su composición.

Si bien el conocimiento de la composición de los alimentos resulta un bien de interés común que nos permitirá seguir una dieta más equilibrada y restrictiva en cuanto a la ingesta de determinados contaminantes o sustancias nocivas presentes en los mismos, la obsesión llevada al extremo es síntoma de una patología que lleva a los enfermos a descartar cualquier otra actividad o interés mundano, plenamente convencidas de que su vida es singularmente mejor que la del resto.

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