lunes, 3 de junio de 2013

UNA PARALIZANTE MAREA ROJA. TOXINAS PRODUCIDAS POR MICROALGAS NOCIVAS

Conocida en Galicia como “Purga de Mar”, la marea roja es un impredecible fenómeno natural, por el cual determinados factores ambientales como la luz, temperatura del agua, etc., acompañados de una elevada presencia de nutrientes, favorecen el desarrollo y la proliferación incontrolada de microalgas marinas, especialmente dinoflagelados, que además de teñir en tonos rojizos la zona que invaden (cientos de miles por cm3), liberan sustancias tóxicas que los moluscos bivalvos acumulan en sus glándulas digestivas o ligan a sus tejidos, gracias a su sistema de alimentación por microfiltración de los nutrientes del agua.




En nuestras costas contamos con avanzados sistemas de observación y alerta de proliferación de microalgas nocivas, basados en tecnología I+D, que pueden catalogarse como pioneros en la detección precoz de mareas rojas, y en las intoxicaciones alimentarias que de las mismas pueden preveerse.

De las más de 2000 especies de dinoflagelados que se conocen, aproximadamente 30 producen toxinas y de ellas al menos 20 producen la que ocupa este tema: toxina paralizante (saxitoxina o derivados de la misma), también conocida como toxina PSP (Paralysis Shellfish Poisoning)

La saxitoxina (STX), debe su nombre al molusco portador donde se detectó por primera vez en 1927: la almeja del género Saxidomus Giganteus. De aquí en adelante ha sido detectada en múltiples ocasiones, y asociada a la marea roja que la suele preceder, en especies como el mejillón, berberecho, ostra, ostión, etc.

La toxina, que resulta organolépticamente indetectable y no se destruye mediante la adecuada cocción del producto, produce un síndrome neurotóxico, entre los 30 y 120 minutos tras la ingesta, asociado al bloqueo de los canales de sodio de las células nerviosas que deriva en una sintomatología que comienza por el entumecimiento y hormigueo de lengua y labios, para extenderse posteriormente al resto de la cara y la punta de los dedos.

En caso de consumo de elevadas dosis, se produce la descoordinación de cuello, brazos y piernas asociada a la parálisis, pudiendo llegar en los casos más severos al fallo respiratorio y a la muerte.

Entre dos y tres semanas tras la marea roja, tardan los moluscos en comenzar la eliminación de la toxina, mediante el proceso natural de filtración de agua.


La Organización Mundial de la Salud (OMS) prohíbe el consumo de moluscos bivalvos donde la toxina alcance una concentración de 80 µg/100 g de producto, recomendando en caso de notificación o alerta de marea roja, el consumo exclusivo de productos comercializados por vías legales y sujetos a los análisis y la rigurosa supervisión sanitaria, desaconsejando al mismo tiempo el consumo de mejillón de roca o de aquellos donde no quede clara su procedencia.

En las rías gallegas han sido detectadas concentraciones hasta 30 veces superiores a las permitidas. En diciembre de 2011, la marea roja generó la presencia conjunta de tres tipos de toxinas: paralizante, amnésica (ASP) y lipofílicas. La última marea roja detectada, en abril de 2013, ha derivado en la presencia de toxina lipofílica que aún se resiste en abandonar el litoral.

La costa gallega cuenta con 273 puntos de muestreo para el control exhaustivo de las biotoxinas marinas
La eritrosina (E-127) y el cáncer de tiroides Un aminoácido de las pipas de calabaza frente a los parásitos intestinales Aloe Vera contraindicado para menores, mujeres embarazadas y madres lactantes La capsaicina de la pimienta de cayena Los psoralenos del apio frente a manchas de la piel y quemaduras solares Dios y el demonio en el pan de cada día. Claviceps purpurea del centeno Sensación de pérdida de los dientes: La ciguatera del pescado El aceite de coco y sus propiedades frente a la bacteria responsable de la caries Desnaturalizados por la colza. El síndrome del aceite tóxico en la España de 1981 Crucíferas contra el cáncer. El sulforafano del brócoli La dulce Estevia. Un edulcorante natural frente a los artificios químicos Leishmania: Sólo un mundo cínico curaría antes a perros que a personas