sábado, 27 de julio de 2013

40 MILLONES DE VECES MÁS POTENTE QUE EL CIANURO. LA TOXINA BOTULÍNICA DEL CLOSTRIDIUM

Bastaría con decir que tan sólo 500 g de esta neurotoxina serían suficientes para acabar con toda la población mundial, o que la dosis letal para un humano de 70 Kg se estima en 70 µg (0.00007 g), administrada por vía oral, y 0.10 pg (0.00000001 g) por vía intravenosa.

La toxina es producida por la bacteria Clostridium Botuilinum, termorresistente incluso a temperatura de ebullición (en industria alimentaria se requiere del uso de autoclaves y esterilizadores para acabar con ella) ampliamente diseminada en el ambiente y especialmente concentrada en tierras o suelos de cultivo y sedimentos de ríos, lagos y arrecifes costeros, donde la podemos encontrar en su forma resistente, como espora inactiva, a la espera de condiciones favorables (ausencia de oxígeno, pH > 4.6 y humedad elevada) que le permitan multiplicarse y producir su letal toxina botulínica.


Aunque el botulismo en adultos es producido por la toxina y no por la espora (Un sistema digestivo maduro y completamente desarrollado, no permite que la ésta germine, por lo que el consumo de los alimentos que la contienen no supone ningún riesgo para la salud, y la espora es liberada a través de las heces), en niños menores de 1 año, el consumo de esporas, principalmente a través de alimentos como la miel, puede suponer un serio peligro.

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La toxina puede penetrar en el organismo de varias formas:
  • Ingesta de alimentos que la contienen: su condición de bacteria anaerobia hace que se desarrolle especialmente en conservas caseras vegetales y animales (latas de aceitunas, mermeladas, salchichas….), además de otros productos como: miel, jamón curado, pescado ahumado, etc.
  • Heridas abiertas: donde la bacteria penetra para producir la toxina que luego se distribuye por el resto del organismo a través del torrente sanguíneo. (menos frecuente que el caso anterior)
  • Administración como medicamento o tratamiento estético: caso del famoso “botox”, donde la toxina se inyecta directamente en dosis superreducidas para producir el conocido efecto de estiramiento y pérdida de arrugas. Asociada según algunos profesionales a falta de expresividad, la aplicación de esta toxina con fines estéticos debe realizarse siempre por profesionales de la salud, que previamente informarán al paciente sobre los riesgos que puede conllevar dicho tratamiento.


La toxina botulínica bloquea la liberación de Acetilcolina, un neurotransmisor necesario para la contracción muscular, provocando la parálisis reversible del músculo en estado relajado.


Pese a la posibilidad de inactivarla mediante choque térmico (Tª > 85º C durante 5-10 minutos), pequeñas cantidades presentes en alimentos listos para su consumo pueden producir en un plazo de entre 6-36 horas: debilidad y vértigo, insuficiencia respiratoria, dificultad para deglutir o hablar, visión doble y parálisis progresiva que puede derivar en el fallecimiento del intoxicado.

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