martes, 2 de julio de 2013

CRUCÍFERAS CONTRA EL CÁNCER. EL SULFORAFANO DEL BROCOLI

Aunque el fuerte olor que desprende mientras se cocina puede resultar un poco desagradable, finalmente hay que acabar dándoles a nuestras sabias madres la razón cuando insistían en que lo comiésemos todo. Pese a no poder utilizar en este caso la expresión “huele que alimenta”, el origen de su desafortunado aroma se encuentra en los compuestos sulfurados que esta variedad de crucífera (por la forma en cruz de sus flores) contiene y entre los que se encuentra el sulforafano, un isotiocianato que destaca notablemente como agente quiomiopreventivo según las últimas investigaciones.


Procedente de Oriente Próximo (una de las 5 zonas de las que proceden todas las variedades que forman la base de la agricultura), podemos encontrar cultivos de brócoli o brécol (Brassica Oleracea Italica) principalmente en países del hemisferio norte, ya que esta variedad, a la que también pertenece el repollo, colinabo, coliflor y col de Bruselas, se desarrolla mejor en climas fríos.

Una investigación de la Universidad de Alabama en Birmingham publicada en la revista  Clinical Epigenetics  subraya cómo el sulforafano es capaz de modificar la expresión de algunos genes implicados en el control del cáncer.
El Dr. Paul Talalay, de la Johns Hopkins University School of Medicine, propuso tras varios años de estudios con ratones un mecanismo de actuación novedoso para explicar el efecto anticancerígeno del sulforafano, el cual aisló en 1992 junto con su precursor natural el sulforafano glucosinato.
Según los estudios del Dr. Talalay, el sulforafano no actúa como un antioxidante sobre los radicales libres, capaces de causar daño a nivel celular y posibles mutaciones relacionadas con el cáncer, sino que indirectamente estimula la producción de enzimas detoxificadoras del grupo II, responsables de una amplia actividad antioxidante capaz de neutralizar una gran cantidad de radicales libres.
Si las enzimas detoxificadoras del grupo I, se encargan de identificar sustancias tóxicas en el organismo y aumentar su reactividad, haciéndolas más solubles en agua (aunque volviéndolas potencialmente más nocivas) y por lo tanto más fáciles de eliminar mediante los mecanismos comunes como la micción, este segundo grupo de enzimas, activadas por el sulforafano, se encargarían de su neutralización o inactivación y eliminación.

El equilibrio entre los dos grupos de enzimas prevendría contra la aparición de algunos tipos de cáncer, especialmente de colon o próstata. El desequilibrio, es decir, un nivel elevado de enzimas del grupo I frente a enzimas del grupo II, favorecería la presencia de radicales libres activados y potencialmente nocivos.
Pese a lo saludable del brócoli, el consumo de crucíferas se desaconseja para aquellas personas que padecen hipotiroidismo, ya que los derivados del azufre pueden bloquear la absorción de yodo y disminuir la actividad de la glándula tiroides.
Crudo o cocinado al vapor, resulta un alimento ideal que podemos conseguir en condiciones óptimas durante el invierno o primavera (pedúnculos florales de color verde intenso, pequeños y compactos), que aportará a nuestra dieta entre otras muchas vitaminas y oligoelementos, la cantidad de vitamina C diaria recomendada en tan sólo 200 g.

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