lunes, 22 de julio de 2013

EL CLEMBUTEROL. ALGO MÁS QUE UNA SUSTANCIA DOPANTE

Este fármaco ha alcanzado popularidad a raíz de los casos de dopaje de tramposos ilustres reconocidos como el velocista canadiense Ben Johnson (que barrió de la pista al “hijo del viento” en la final olímpica de 100 metros de Seul 88, con record del mundo incluido), y otros deportistas, cuya reputación ha quedado en tela de juicio, como los ciclistas Alessandro Còlo y Alberto Contador.

En el caso de éste último, la concentración de sustancia dopante encontrada fue de 0.00000000005 g de clembuterol por ml de orina, cantidad a criterio de muchos expertos insignificante para producir efecto alguno sobre el organismo, y finalmente considerado un caso de intoxicación alimentaria asociada al consumo de carne contaminada, que llevó al Comité de Competición a retirar la propuesta de suspensión de un año notificada por la Federación Española de Ciclismo.



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Menos suerte tuvo el italiano Còlo, que finalmente, y tras considerarse una rebaja de la suspensión inicial de dos años, fue sancionado con un año de inactividad tras detectarse esta sustancia en su orina durante la Vuelta de México de 2009; país éste precisamente, en el punto de mira de la Agencia Mundial Antidopage (AMA) por el bajo control sobre el uso de esta sustancia, presente hasta en el 30% de las carnes.


El clembuterol, utilizado para el engorde ilegal de ganado bobino, en dosis elevadas produce una distribución de los nutrientes hacia las vías metabólicas, aumentando el músculo mediante la síntesis de proteínas, para finalmente ser depositado en las vísceras (hígado principalmente). Pese a que su uso para este fin está ilegalizado en América y Europa, podemos encontrarlo de forma legal (excepto en EEUU e Inglaterra) por su acción broncodilatadora en fármacos contra el asma.

Más allá de los casos de dopaje y de su uso en ámbitos culturistas, para inhibir la acumulación de grasa y aumentar la masa del músculo óseo, el clembuterol es un reconocido tóxico que en dosis superiores a 0.04 mg, asociadas principalmente al consumo de vísceras de res, produce temblor distal, taquicardia y otros problemas cardiacos, cefalea, ansiedad, nauseas y angustia. Esta sintomatología que se presenta a partir de los 30 minutos tras la ingesta puede durar hasta dos días.



Los animales tratados con esta sustancia (1 sólo gramo sirve para administrar 2500 dosis) producen una carne menos grasa y más moldeable, aunque de baja calidad (más agua) y más dura. En 15 días los restos del anabolizante desaparecen del músculo y sólo son identificables en las vísceras (durante 60 días), aunque aún permanecen más tiempo en la retina (5 meses) y en el pelo (de por vida).

En España, su uso ilegal no es una excepción y a modo de ejemplo cabe citar que en el período comprendido entre el año 1989 y el 2000, se declararon 47 brotes y 3 episodios aislados, con un total de 809 casos.

Volviendo para acabar al “Caso Contador”, efectivamente cabe la posibilidad de contaminarse a través del consumo de un filete de ternera. De los restos de materiales plásticos detectados en sangre y asociados a una posible transfusión…. ya hablamos en otro momento.

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