jueves, 25 de julio de 2013

LAS LOMBRICES INTESTINALES Y LOS NIÑOS QUE RECHINAN LOS DIENTES POR LA NOCHE

Por curioso que pueda parecer, este singular efecto (bruxismo), se asocia a la presencia de Enterobius Vermicularis en niños de edades comprendidas entre 1 y 10 años.

Este tipo de lombriz intestinal, también conocida como Oxiuro, mide apenas 1 cm de largo y sus huevos se encuentran ampliamente diseminados en el ambiente (es el parásito más habitual en humanos). Presentes en suelos y aguas residuales, el niño los ingiere por contacto con la tierra donde juega (tras tocar la tierra se lleva las manos a la boca) o por inhalación de partículas de polvo que los portan. El contagio también se produce a través de alimentos en contacto con aguas residuales, que de no ser adecuadamente desinfectados antes de su consumo en crudo (verdura para ensaladas) pueden comportarse como vehículos transmisores.


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Una vez que el huevo del parásito accede al huésped, comienza un ciclo específicamente diseñado para producir un fenómeno de reinfestación que se repite una y otra vez.

El huevo eclosiona en el estómago y las larvas inmaduras pasan al intestino delgado, donde se adhieren para alimentarse hasta alcanzar el estado maduro. En la fase adulta, las larvas pasan al intestino grueso, y las hembras durante la noche alcanzan la periferia del ano (zona perineal) para poner los huevos.

La puesta de huevos genera una reacción inflamatoria que deriva en prurito anal y picor. Cuando el niño se rasca, el huevo queda adherido a las uñas, que por contacto con la boca, vuelve a acceder al organismo para repetir el ciclo.


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Pese a lo desagradable del asunto, la oxiurosis no tiene consecuencias graves para el niño y habitualmente desaparece con un tratamiento antihelmíntico en dos fases: una inicial para acabar con el parásito, y otra posterior para acabar con las nuevas crías resultantes de la eclosión de los huevos ya puestos, y sobre los que el medicamento no surte ningún efecto.

Rechinar de dientes y picor en el ano son sólo dos de los síntomas relacionados con su presencia. Problemas para dormir, intranquilidad, incontinencia urinaria y en casos más graves: diarrea, vómitos, dolor abdominal, vulvovaginitis e infecciones de orina, endometrio o trompas; completan la sintomatología asociada a este intruso, normalmente detectado tras un análisis de las heces del niño.

Conocido de nuestros mayores, cansados de decirnos: “No comas tanto azúcar o te saldrán lombrices” (supone una importante fuente energética del parásito, pero nada tiene que ver con su presencia), el oxiuro se postula junto con el Ascaris Lumbricoide (mayor en tamaño pero mucho menos frecuente) como un parásito habitual en niños de todo el mundo y en adultos de países en vías de desarrollo (aguas contaminadas).

Prevenir el fenómeno de reinfestación pasa por el cuidado y la higiene corporal
  • Lavado frecuente de manos
  • Uñas cortadas
  • Ropa interior limpia y con cierre hermético (en niños menores portadores) para evitar el contacto fecal-oral
  • Lavado de ropa interior y sábanas con agua caliente (no sacudir para evitar la diseminación de los huevos)
  • Tratamiento médico para toda la familia en caso de detectar el parásito en el menor.

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