domingo, 14 de julio de 2013

SÓLO UN MUNDO CÍNICO INVERTIRÍA MÁS RECURSOS EN CURAR LA LEISHMANIASIS EN PERROS QUE EN PERSONAS

Decir que la “industria farmacéutica” tiende a valorar la necesidad de investigación y los recursos destinados a un proyecto en función del bolsillo de sus potenciales clientes, resulta a estas alturas una obviedad y un despropósito para los más de 12 millones de infectados por esta enfermedad.

Mientras que las grandes compañías se frotan las manos pensando en los acomodados propietarios occidentales, que no dudarán en pagar los 50 € que aproximadamente cuesta la vacuna para sus mascotas, la Organización Mundial de la Salud (OMS) lanza escalofriantes datos sobre este particular tipo de zoonosis parasitaria que afecta principalmente a la población de países en vía de desarrollo (y con un “fondo de cartera” poco o nada interesante para la desmesurada avaricia de la empresa privada)


“…cada 30 segundos se infecta un humano”
“…más de 12 millones de infectados en 88 países del mundo”
“…350 millones de personas en riesgo de infectarse”
“…60.000 muertes al año”
“…2 millones de nuevos casos al año”
  

Hasta tal punto llega el asunto, que a fecha actual se comercializan varios tipos de vacunas para perros, mientras que el desarrollo de la variedad para humanos pasa por una investigación, a cargo mayoritariamente de organismos oficiales y entidades públicas, que se encuentra en fase preclínica y para la que no se esperan resultados a “corto plazo”. Al avance de esta vacuna en España han contribuido de forma meritoria el grupo de investigación INBAVET de la Facultad de Veterinaria de la Universidad Complutense de Madrid, la Universidad Autónoma de Barcelona y Universidad Rey Juan Carlos de Madrid, entre otros organismos como la OMS a través de su departamento de “Enfermedades Tropicales Desatendidas”


Esta enfermedad, perteneciente al triste grupo de “Enfermedades Tropicales Olvidadas”, se transmite a través de la picadura de la hembra del jején o “mosca de la arena”, un díptero nematócero (phebotomus y lutzomyia) difícil de ver dado su pequeño tamaño. Asociada a zonas más bien rurales de países América del Sur, América Central, Asia, Oriente Medio, África y Sur de Europa (En España desde 1997 se han confirmado más de 2300 casos, el último brote tuvo lugar en núcleos urbanos de la periferia de Madrid en 2009, con más de 300 infectados a causa del aumento poblacional de liebres y conejos en zonas de veda de caza), es la tercera causa de zoonosis parasitaria mundial.

Una vez que el mosquito ha picado a algún animal considerado reservorio y portador de protozoos parasitarios (perros especialmente, aunque también liebres, conejos, roedores y mamíferos salvajes), lo transmite al humano, también mediante picadura, produciendo dos tipos de sintomatología diferenciada:


Ulceras Cutáneas (Leishmaniasis Cutánea)
Conocida como “Uta” en Perú. Se trata de una afección de la piel de la cara manos, brazos y piernas (zona de picadura habitual), que causa marcadas laceraciones indoloras (ulceras autocurables que derivan en cicatrices permanentes) pudiendo llegar a afectar a las membranas mucosas y desfigurar la boca o la nariz.
Este tipo de afección es mayoritaria frente a la siguiente variante y presenta otros síntomas como hemorragias y congestión nasal o dificultad para respirar y degluir.

Inflamación Fatal del Bazo o Hígado (Leishmaniasis Visceral)
Presenta un elevado índice de mortalidad si no se trata adecuadamente o no se detecta con la suficiente antelación. Los síntomas aparecen de 2 a 8 semanas tras producirse la picadura, y engloban episodios febriles que se prolongan en el tiempo, pigmentación de la piel, debilidad, pérdida de peso, y en caso de que la enfermedad progrese, aumento del tamaño del bazo e hígado que puede desembocar en la muerte del infectado.


Aunque los perros no pueden contagiar a humanos sin la presencia del vector de transmisión, se considera posible la transmisión madre-hijo durante el embarazo así como el contagio humano-humano mediante la sangre.


En humanos los síntomas se identifican antes que en perros, por lo que la respuesta al tratamiento de control de la enfermedad, pese a que no tiene cura, resulta habitualmente satisfactorio si se dispone de la medicación adecuada.


Solo “en un mundo cínico”….. concebiríamos como positivo el control de una enfermedad a través de la vacunación preventiva del animal portador y no del posible humano en riesgo de infectarse.
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