martes, 17 de septiembre de 2013

LA PANDEMIA DE 1918. LA GRIPE ESPAÑOLA O PESTE PULMONAR

Prácticamente todo el mundo sabe que la gripe es una enfermedad estacional que cada año cursa con distinta virulencia y sintomatología. Esto se debe principalmente al tipo de antígenos de superficie (hemaglutinina y neuridasa) presentes en el virus (influenza), cuya función es fijarse a la membrana de la célula a infectar para facilitar su penetración. La composición de la cubierta externa resulta pues determinante a la hora de cuantificar la capacidad invasiva del virus.


De esta forma, y a modo de ejemplo:
  • Hemaglutinina tipo 5 y Neuraminidasa tipo 1: Subtipo H5N1

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Lo que quizás no todo el mundo sepa es que desde que existen registros, cada 50 años aproximadamente, la mutación de una de estas cepas, capaz de inhibir parcialmente la detección y respuesta del sistema inmunitario, resulta especialmente peligrosa y letal entre la población humana.


Así ocurrió durante el brote de gripe asiática de 1957-58 (mutación del virus influenza A H2N2) y el más reciente y conocido que comenzó en Hong Kong en 1997 (mutación del virus influenza A H5N1), ambos asociados a pérdidas humanas y económicas catastróficas, pero incomparables a la mayor pandemia mundial de la historia humana, producida por una mutación del virus de influenza A, subtipo H1N1, conocida como gripe española o peste pulmonar de 1918-19

Con una tasa de mortalidad de entre el 10% y el 20%, esta mutación resultó especialmente virulenta entre las tropas combatientes durante la Primera Guerra Mundial. El fallecimiento que se producía desde unas pocas horas hasta 3-4 días tras la aparición de los primeros síntomas, afectó por igual a todos los grupos de edades (especialmente a soldados, con un sistema pulmonar debilitado por la utilización de gases tóxicos durante los enfrentamientos y confinados en grandes grupos y espacios reducidos).


La ausencia de antibióticos capaces de hacer frente a las bacterias oportunistas tras la infección vírica, y el desconcierto de un cuerpo médico militar saturado de trabajo y desconocedor de los mecanismos de transmisión (que llegó a dudar por la parecida sintomatología si realmente se trataba de un virus o de un brote de peste), contribuyeron a la rápida proliferación de una infección que varios meses más tarde alcanzó a la población civil de todas las edades.

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Síntomas: fiebre que alcanzaba los 41º C, seguida de cefalea y dolores musculares intensos, que derivaban en complicaciones pulmonares, cianosis (color plomizo) y muerte por asfixia.


El nombre de “Gripe española”, responde a una teoría que relaciona el comienzo del brote (en un campamento militar francés) con una partida de latas de conserva españolas manipuladas por las tropas alemanas. Otros autores atribuyen el nombre a la mayor difusión mediática y sin censuras de la enfermedad que se hizo en España.

En Abril de 1919, y tras acabar con la vida de entre 40 y 50 millones de personas en todo el mundo, el brote comenzó a remitir, para alivio de una sociedad ya devastada por los efectos de la guerra. Actualmente varios grupos de investigadores recaban datos y muestras de tejidos para secuenciar completamente el ADN de la letal cepa de influenza, y comprender con fines preventivos, los mecanismos que le confirieron tal virulencia.
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