jueves, 7 de noviembre de 2013

EL PODER ANTIBACTERIANO DEL COBRE Y SUS ALEACIONES AL SERVICIO DE LA SALUD HUMANA

Recuerdo que hace años, tras visitar una fábrica artesanal de caramelos, quedé gratamente asombrado, y a mi salida pensé que se trataba sin duda de un lugar muy especial. Al dulce olor que inundaba las instalaciones se sumaba la singular visión de un equipamiento tradicional en bronce, que frente al frío acero inoxidable presente actualmente en la mayoría de instalaciones de manipulación de alimentos, aportaba la calidez al ambiente propia de un cuento de navidad para niños.

Esta visión idílica de tiempo atrás, se completa ahora con recientes investigaciones, que sobradamente justifican las propiedades antibacterianas del cobre y sus aleaciones (bronce: cobre mayoritario + estaño 3-20%), ya descritas en la Antigua Grecia por el padre de la medicina, Hipócrates.


Sabemos ahora que se trata de un material capaz de inhibir por simple contacto, el crecimiento de hasta el 99.9 % de las bacterias en periodos de tiempo comprendidos entre las 2-200 horas, por lo que en entornos de procesado de alimentos, puede complementar y mejorar el rendimiento de las operaciones de limpieza y desinfección.

Comparada con los inertes vidrio, plástico o acero inoxidable, su eficacia antimicrobiana destaca especialmente frente a aquellas bacterias resistentes y causantes de las comunes enfermedades intrahospitalarias que sufren 1 de cada 20 pacientes en las unidades de cuidados intensivos (Clostridium difficile, Klebsiella pneumoniae, etc.), por lo que el recubrimiento de zonas habituales de contacto y transmisión de patógenos en estos ambientes, se está convirtiendo en una práctica habitual desde que Agencia de Protección Medioambiental estadounidense (EPA), concluyese en 2008, que se trata un “agente antimicrobiano que acelera la reducción de las poblaciones de bacteria, en todos los casos, a las 24 horas de contacto”.

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Distintos estudios llevados a cabo a lo largo de estos últimos años en Universidades como Oregon, Southampton o Vic, revelan la eficacia del cobre frente a bacterias como E.Coli (O104:H4), Salmonella (Enteriditis), Campylobacter Jejuni, o Listeria Monocytogenes, esta última de especial relevancia en ambientes relacionados con la manipulación de alimentos.


Su eficacia ha sido del mismo modo contrastada frente a distintos tipos de virus: Influenza A, Adenovirus o Rotavirus responsables de una gran mayoría de afecciones por gastroenteritis.


Aunque el mecanismo exacto de actuación se desconoce, las últimas investigaciones sugieren que el efecto antibacteriano puede estar relacionado con la liberación de iones Cu+ de la superficie del metal, capaz de romper la membrana celular bacteriana, produciendo pérdida de fluidos y consecuentemente la muerte del patógeno.

Su uso, más allá de las habituales superficies de contacto metálicas, se extiende de forma especialmente singular a la industria textil, que pretende incorporar el ión metálico a prendas capaces de proteger a grupos de riesgo de contraer este tipo de patógenos:
  • Ropa militar, que prevenga infecciones habituales en soldados
  • Calcetines para diabéticos, que los protejan de úlceras infecciosas en los pies.
  • Sábanas de hospital, que disminuyan el número de infecciones intrahospitalarias
  • Guantes para operarios de cocinas, etc.
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