lunes, 30 de diciembre de 2013

COMIDA BASURA…. MEMORIA BASURA

Que la comida con elevadas concentraciones de azúcares y grasas trans promueve la inflamación corporal es un hecho contrastado desde hace bastante tiempo. Es ahora, y a partir de un estudio llevado a cabo con animales en la Universidad de Nueva Gales de Sur (Australia), cuando sabemos que esa inflamación es capaz de alcanzar el hipocampo cerebral, afectando nuestra capacidad de memoria y formación de recuerdos.

El hallazgo sorprende más por la velocidad de actuación que por la actividad inflamatoria en sí. En tan sólo una semana, e incluso antes notarse un aumento de peso, los animales alimentados con comida basura ya sufrían una pérdida de capacidad cognitiva, irreversible además al retomar hábitos de alimentación saludable.


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Un apunte más en definitiva contra una auténtica bomba alimentaria: la comida “chatarra”, capaz en última instancia de aumentar la resistencia a la hormona leptina (hormona del hambre), responsable de regular la sensación de apetito y saciedad.

La leptina es un mensajero químico que se sintetiza en las células grasas y viaja a través del torrente sanguíneo hasta el cerebro para transmitir la sensación de plenitud que determina el final de la comida. La resistencia a esta hormona se entiende no como una deficiencia de la misma, sino como una disfuncionalidad asociada entre otras causas a la ingesta en una única comida de la cantidad total de grasas y calorías diarias recomendadas.



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Una disminución de los niveles de leptina o una disfuncionalidad de la misma puede traducirse en sensación de hambre y copiosas ingestas derivadas de una interpretación defectuosa de saciedad.

Entre los alimentos que contribuyen a aumentar los niveles de leptina funcional en sangre, y por lo tanto a controlar la sensación de apetito, se encuentra el chocolate negro.



Comer en exceso, y especialmente comida rápida, puede dañar los canales de transmisión al hipotálamo de las señales reguladoras de la sensación de hambre, de forma que una dieta rica en grasas saturadas y carbohidratos puede traducirse en una disfunción metabólica de las hormonas implicadas: la leptina y la grelina, esta última responsable de aumentar el apetito.
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