sábado, 11 de enero de 2014

¿ES RECOMENDABLE BEBER LECHE TRAS UNA INTOXICACIÓN?

Sin dejar de resultar un tópico, parece que existen pocos precedentes que avalen esta extendida teoría, y por más que uno lee y relee artículos relacionados con el tema no alcanza a llegar a una conclusión meridianamente satisfactoria, en parte debido a que la naturaleza del tóxico puede ser tan variada que un simple vaso de leche puede hacernos pasar de un alivio sintomático a agudizar la toxicidad de la sustancia que se pretende neutralizar.

Partiendo de la premisa de que en ningún caso debe ser tratada como un antídoto, algunos autores se aventuran a lidiar con las supuestas propiedades de la leche de vaca y su proteína primaria (α-caseína), y el supuesto aumento de mucosidad intestinal derivado de su consumo, que retrasaría parcialmente la absorción del tóxico en el sistema digestivo.


Más allá de teorías poco o nada contrastadas, lo que sí parece claro es que debido al pH ligeramente ácido de la leche (6.7-6.8), y de modo análogo a como una disolución de bicarbonato sódico en agua contrarresta un exceso de acidez estomacal; la leche puede actuar como tampón regulador frente a la ingesta accidental de sustancias caústicas suaves, tendiendo además a diluir de paso el tóxico (aunque de manera similar a como lo haría el agua).


Las claras de huevo, diluidas en agua hasta alcanzar la fluidez adecuada, parecen proteger la mucosa gastrointestinal y reaccionar con distintos tóxicos, como el arsénico, formando compuestos insolubles de difícil absorción.


Una práctica cada vez menos recomendada, por el habitual desconocimiento del carácter corrosivo de la sustancia ingerida, que junto con los ácidos del estómago puede dañar de forma irreversible las paredes del esófago, es la inducción al vómito mediante utilización de eméticos. Caso de recurrir a esta técnica, por conocerse con precisión la naturaleza del veneno y concurrir una serie de circunstancias adicionales (consciencia del paciente, condición de no embarazo, etc.), hay que tener en cuenta que provocar el vómito puede resultar complicado si el estómago está vacío, por lo que un par de vasos de leche pueden ayudarnos a expulsar el contenido gástrico, a la vez que como hemos dicho anteriormente, minimizar los daños por simple dilución.

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Queda descartado pues, su supuesto efecto beneficioso frente a inhalaciones de gases tóxicos o intoxicaciones por vía aérea (humos).


Pese a que tradicionalmente se pensaba que el calcio que contenía la leche era capaz de competir con el plomo, al tener el mismo proceso metabólico, nuevos estudios parecen poner de manifiesto que ésta podría facilitar la absorción de metal pesado en los casos de plumbosis crónica, para los que siempre ha sido recomendada.


A falta de nuevos datos concluyentes, resulta obvio que no merece la pena pararse a pensar si tomarla o no, y en caso de ingesta accidental acudir rápidamente al hospital o centro de salud más cercano, a ser posible con una muestra del tóxico ingerido, para proceder a neutralizar (con carbón activo principalmente) y hacer un lavado gástrico.
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