domingo, 14 de septiembre de 2014

EL VIRUS CHIKUNGUNYA Y EL HOMBRE QUE SE ENCORVA DE DOLOR

Como sacado de un relato de terror, la traducción del nombre del virus no hace referencia más que a uno de sus síntomas, que puede prolongarse en el tiempo hasta los 5 años desde la infección. Es tal el dolor articular y muscular que este microorganismo provoca en un preocupante porcentaje de los afectados, que éstos tienden a encorvarse para poder llegar a caminar.

Desde el otro lado del charco, no podemos hacernos una idea de la magnitud de esta explosiva epidemia, que a día de hoy afecta a más de 600.000 personas en el continente americano y para la que las autoridades de los 27 países en los que se han detectado y confirmado casos de chikungunya, preparan medidas especiales de control de la enfermedad.

Los orígenes del virus


Detectado por primera vez en Tanzania en 1952, y extendido a partir de 2004 por el resto de África, Oceanía, Asia e Islas del Pacífico, el primer caso confirmado en el continente americano data de diciembre de 2013. Desde entonces hasta ahora un progreso en el número de casos escalofriante unido a unas previsiones realistas de contagio masivo, hacen que los distintos gobiernos cuenten con planes y declaratorias de emergencia, e informen a la población sobre las actuaciones preventivas para mantener bajo control la propagación del virus.

El chikungunya es un virus de tipo arboviral transmitido por la picadura de los mosquitos del género Aedes (aedes aegypti y aedes albopictus -mosquito tigre-), principales vectores implicados además, en la transmisión del Dengue y la Fiebre Amarilla. Nuevos estudios parecen haber identificado en Mayotte (isla del archipiélago de las Comoras), una nueva especie portadora -stegomyia pia-

Transmitiendo el chikungunya


Aunque el virus no se transmite de persona en persona, los infectados juegan un papel fundamental en el avance de la epidemia.



A pesar de tratarse de mosquitos de la misma especie, y a diferencia de los transmisores del dengue que pican frecuentemente de día, los mosquitos portadores de chikungunya lo hacen por igual durante el día y la noche.  Dichas especies proliferan en climas tropicales  y preferentemente en verano por las condiciones de calor y humedad, aunque en los últimos meses los casos de infectados comienzan a reportarse desde climas más templados del continente americano, abarcando zonas desde el sur de EE.UU hasta el norte de Argentina. El riesgo se acentúa aún más en poblaciones que no superan los 2.200 metros de altitud sobre el nivel del mar, por las condiciones climatológicas adversas para el desarrollo de las larvas de las especies portadoras.

Dado que no existe tratamiento específico ni vacuna preventiva frente a la enfermedad, la mejora de los pacientes pasa por el tratamiento de los síntomas que se detallan a continuación
  • Fiebre súbita de más de 39 ºC (con una evolución que va desde los 3 a los 7 días)
  • Sarpullido generalizado
  • Artritis, especialmente localizada en manos, pies, rodillas y espalda, pudiendo persistir hasta en un 10% de los casos durante 5 años
  • Intensos dolores musculares
  • Conjuntivitis, cefaleas, nauseas y cansancio
  • Rara vez pueden presentarse complicaciones neurológicas

En la lucha contra la epidemia



Tan difícil es prevenir la proliferación del virus como atajar una plaga de mosquitos. Todos los métodos de actuación y consejos de las distintas organizaciones gubernamentales están enfocados a evitar la puesta de huevos y el desarrollo de las larvas de las especies implicadas.  Para ello se recomienda evitar la presencia de agua estancada (donde el mosquito pone los huevos), desde el bebedero del perro hasta el depósito de agua de la vivienda. A partir de aquí, lociones repelentes  y telas mosquiteras en los accesos a la casa y en los dormitorios. La protección con barreras físicas de los infectados resulta de vital importancia frente al origen de nuevos ejemplares infectados y capaces de trasmitir la enfermedad.

La única buena noticia parece ser que la enfermedad sólo se pasa una vez, ya que tras superar la infección, el organismo genera los anticuerpos necesarios para garantizarnos según los últimos estudios  “inmunidad de por vida”.

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