miércoles, 10 de septiembre de 2014

SAL EN MI MESA.... PERO CON YODO, POR FAVOR

Parece mentira a estas alturas, que un caso como el que sigue pueda acontecer en una sociedad supuestamente avanzada. Mi sorpresa no se debe al fraude en sí mismo, sino a la pasividad burocrática que parece propagarse a lo largo de una interminable cadena de organismos oficiales, permitiendo que la mentira continúe y se demore ya más de 6 años mientras sigue saltando de despacho en despacho.

Así nos luce el pelo, si una vez contrastada y verificada la estafa, nuestras autoridades ponen ruedas al expediente para que circule por todo el territorio nacional, mientras el demandante legal espera sentado a verlas venir.



El origen: la sal yodada


Se acertó sin duda, cuando se pensó en la sal para llevar el yodo a nuestras dietas. Económica, no caduca y al alcance de todo el mundo.  En ese entonces, la Organización Mundial de la Salud ya consideraba la carencia de de este mineral como la principal causa evitable de lesión cerebral en el feto durante el embarazo, así como de problemas de desarrollo y crecimiento durante la infancia.

Aunque el yodo se encuentra presente en alimentos como pescados y mariscos, algas marinas, cebollas, rábanos, champiñones, cacahuetes o piña, entre otros muchos, la existencia de grandes extensiones de cultivo interiores, desmineralizadas por causas geoquímicas, hacían imposible que dichos alimentos cubriesen el aporte diario de yodo necesario en cientos de millones de habitantes del planeta.

Fue entonces cuando la sal yodada entró en nuestras cocinas, reivindicada por médicos y nutricionistas para paliar los Trastornos por Déficit de Yodo (TDY), recomendada en comedores escolares, en situaciones de embarazo y como ingrediente de nuestra dieta básica habitual.


Relevancia del yodo a nivel orgánico


El yodo ingerido a través de la dieta es almacenado en la glándula tiroides para usarse según necesidad, en la síntesis de hormonas tiroideas, con funciones reguladoras de la frecuencia cardíaca y la temperatura corporal, e implicadas en el desarrollo cerebral durante la gestación, lactancia e infancia.

Su déficit, conocido como hipotiroidismo, puede afectar al desarrollo psicomotor e intelectual del menor, asociándose a situaciones de estrabismo, sordomudez, autismo, retraso mental o físico y cretinismo. 

En adolescentes y adultos la carencia de yodo puede manifestarse en forma de bocio, un aumento anómalo de la glándula tiroides que deriva en problemas de fertilidad, aumento de peso, sequedad de piel y cabello, dificultad para tragar, somnolencia, cansancio, etc.


El milagro de la sal yodada




Obviamente no resultó ser tal desde el momento en el que un consumidor anónimo denunció en 2008 el incumplimiento en las concentraciones de yodo previstas para la sal yodada (60 mg de yodo/Kg de sal, con una variación permitida del 15%, es decir, de 51 a 69 mg de yodo/Kg de sal-) por el R.D. 1424/1983, de 27 de abril, por el que se aprueba la Reglamentación Técnico Sanitaria para la obtención, circulación y venta de la sal y salmueras comestibles

Desde entonces hasta ahora 6 años de periplo administrativo en el que se ha corroborado y confirmado el fraude, sin riesgo para el consumidor, evidenciándose la falta de rigor en el etiquetado de las 10 marcas estudiadas y de las cuales:

1 no contiene yodo
2 no alcanzan el 1% (0.6 mg de yodo/Kg de sal)
2 no alcanzan el 50% (30 mg de yodo/Kg de sal)
4 sobrepasan el límite permitido (> 69 mg de yodo/Kg de sal)
1 triplica el límite permitido (> 180 mg de yodo/Kg de sal)




El demandante actual, Albareros S.L.U., que en un estudio conjunto con la Universidad de Cádiz ha patentado un sistema de homogeneización de los niveles de yodo y estabilidad de los mismos una vez abierto el envase, no consigue explicarse como tan sólo dos de las marcas estudiadas han resultado finalmente expedientadas y como en definitiva, nadie evita que se sigan comercializando...... Ver para creer.

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